La ‘Policía del Agua’ ya es una realidad

Los expertos calculan su edad en cerca de 4.600 millones de años y la consideran el origen mismo de la vida y la civilización. 

La NASA la califica como esa sustancia que envuelve nuestro hogar en un contexto mucho más grande, que se adentra en el universo y nos ubica en una rica familia de mundos oceánicos que abarcan nuestro sistema solar y más allá. 

También, dependiendo del contexto cultural, químico, biológico, psicológico o religioso, es símbolo de prosperidad, pureza, renacimiento, espiritualidad y hasta purificación y renovación. 

Es la historia del agua, ese líquido vital que hoy está en riesgo y que, según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2024, puede crear paz o desencadenar conflictos. 

La advertencia de la ONU es clara: nos enfrentamos a una crisis que puede llevar a la mitad de la población mundial a padecer una grave escasez de agua y advierte que si la humanidad pasa sed, la educación, la salud y el desarrollo sostenible quedarán al margen, eclipsados por la lucha diaria por conseguir un poco de agua. 

Los egipcios no solo construyeron la primera represa de la que se tenga vestigios en el mundo, sino que prosperaron a orillas del Nilo. 

Los romanos desarrollaron la hidrología a tal nivel que hoy, todavía, los acueductos construidos hace más de 2.000 años, siguen funcionando y sus técnicas se usan en nuestras ciudades. Y, en el caso de Grecia, cuna de nuestra cultura occidental, ya en el año 640 antes de nuestra era, el filósofo Tales de Mileto, fundador de la ciencia griega, afirmaba que el agua es el principio de todo, el elemento básico del Universo que produce todas las cosas, y que las plantas y los animales no son más que agua condensada bajo diversas formas y en agua se convierten una vez mueren. 

Allí también germinó el principio de la Polis o la Politeia, donde convergen la Ciudad-Estado y los ciudadanos, con el principio de Policía, siempre construyendo entornos amigables con el medio ambiente.

Desde entonces, la relación entre el ser humano y el preciado líquido ha estado marcada por vaivenes que terminan por afectar los 1.386 millones de kilómetros cúbicos de agua del planeta, de los cuales tan solo el 3 % es agua dulce, la cual se origina en los bosques, los mismos que desempeñan un papel importante en su ciclo, dada su influencia en los regímenes de evaporación y precipitación, la regulación del caudal de los arroyos y la recarga de las aguas subterráneas. 

Y si tenemos en cuenta que alrededor del 75 % del agua dulce accesible en el mundo procede de cuencas boscosas, proteger estos entornos y prevenir y contrarrestar la deforestación es una prioridad, máxime si tenemos en cuenta que, en promedio, anualmente la pérdida de bosques supera los 100.000 kilómetros cuadrados.

Adicionalmente, más de 3.000 millones de personas en todo el mundo dependen de agua que atraviesa fronteras nacionales, lo que genera conflictos, ya que sólo 24 países tienen acuerdos de cooperación con respecto a los recursos hídricos que comparten. 

COLOMBIA

En el caso de Colombia, tenemos un país privilegiado por la naturaleza: dueño del 10 % de la biodiversidad del planeta, representado en más de 59 millones de hectáreas, el equivalente a la mitad del territorio continental, el mismo que sirve de hogar a 12 millones de labriegos.

La realidad nos demuestra que su variedad de climas y suelos y su inconmensurable ecosistema acuático, sumados al talento y resiliencia de nuestros campesinos, hacen de Colombia un territorio altamente competitivo para la producción a grandes escalas de café, frutas, palma de aceite, flores y caña de azúcar, entre otros tantos productos de amplia demanda internacional. 

Sin embargo, las emergencias que estamos enfrentando por cuenta del Fenómeno del Niño nos demuestran que el cambio climático es una realidad global, para la cual tenemos que prepararnos como país y debemos partir de la premisa de que aquí está en riesgo, incluso, la supervivencia misma del ser humano. 

Colombia, a pesar de ser considerada potencia hídrica mundial, con seis nevados y más de 48.000 humedales, enfrenta problemas de abastecimiento de agua, consecuencia de grandes amenazas, como la deforestación, en especial auspiciada por el narcotráfico; la contaminación sistemática, la caza indiscriminada, la pesca ilegal, la ganadería extensiva, el tráfico de flora y fauna y la extracción ilícita de minerales.

A partir de la comprensión de esta realidad, la Policía Nacional de Colombia ha asumido la responsabilidad de planificar, desarrollar y evaluar las actividades de prevención y gestión comunitaria, disuasión y control, investigación criminal e inteligencia frente a los delitos relacionados con el ambiente y los recursos naturales, en apoyo a las autoridades que lideran la política ambiental del país, encabezadas por el propio señor Presidente de la República, el señor Ministro de Defensa Nacional y la señora Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible. 

Acorde con las propuestas universales, como las de reforzar la educación sobre el agua, intensificar la recolección de datos para orientar las políticas públicas, aumentar la inversión privada y dinamizar la cooperación transfronteriza para garantizar una gestión más sostenible de los recursos hídricos, nuestra Estrategia Integral de Seguridad contempla un capítulo especial para el cambio climático.

Este ítem de la estrategia, alineado con la visión integral de las Naciones Unidas sobre Seguridad Humana y con el Plan Nacional de Desarrollo y la Política Pública de Seguridad, Defensa y Convivencia Ciudadana del Gobierno Nacional, lo materializamos a través del Sistema Integrado de Seguridad Rural y Protección Ambiental, que lidera la institución, a través de la Dirección de Carabineros, conformada por más de 8.000 hombres y mujeres comprometidos con la protección del capital natural.

POLICIA DEL AGUA