“Ser descendiente del general Gilibert marcó mi vida”

El general en retiro de la Policía Nacional, Luis Ernesto Gilibert, explica cuáles fueron los principios y la filosofía que imprimió su abuelo a la Policía Nacional, el también general Juan María Marcelino Gilibert, en calidad de fundador de esta institución en Colombia.

¿Qué aspectos de la vida de su abuelo lleva presente en su ámbito personal y en su trasegar al interior de la Policía Nacional?

Luis Ernesto Gilibert: He vivido para la policía, nací para ser policía. Ser descendiente del general Juan María Marcelino Gilibert marcó mi vida y la de mi familia, pues respirábamos un ambiente eminentemente policial. Eso me indujo a ser policía. Se dice que “policía un día, policía toda la vida” y eso es cierto.

Llevo muchos años retirado —más de veinte— y todavía me siento policía. Recuerdo mucho el primer día que entré a la escuela de formación; también llevó en mi corazón el momento en que nació la idea de ser policía.

¿Cómo recuerdan en su familia a su abuelo —el general Juan María Marcelino Gilibert— al que usted no alcanzó a conocer?

El general Juan María Marcelino Gilibert llegó en 1891 a organizar la policía en Colombia; el 5 de noviembre de ese año cuando nace la Institución, durante el gobierno del presidente Carlos María Holguín Mallarino.

El general Marcelino Gilibert encabeza este proceso, tomándoselo muy en serio. Él nació en Fustinag, en Francia, y fue un militar que alcanzó el grado de sargento mayor. Se distinguió por exponer su vida para salvar a varios de sus compañeros que se encontraban afectados por una epidemia de cólera; también fue notoria su participación en la guerra franco-prusiana en 1870, donde fue herido en las batallas de Reichshoffen, Sedán y Orleans.

Usted fue director de la Policía Nacional durante el Gobierno del expresidente Andrés Pastrana y conoce muy bien la Institución, es por esto que nos puede decir si los aspectos filosóficos con los que nació esta institución en Colombia aún se mantienen o han cambiado con el pasar de los tiempos. 

Marcelino Gilibert fue muy claro en hablar de la independencia que debe tener la policía de los campos político y militar. Él explicó muy bien que debía ser una institución dedicada a la defensa de la vida, honra y bienes de los ciudadanos, y se preocupó mucho por la incorporación y la capacitación de los hombres.   

¿Considera entonces que ese principio de independencia que imprimió su abuelo, el general Gilibert, debe mantenerse por los siglos de los siglos? 

Es supremamente importante que se mantenga ese principio. En un país como Colombia , que ha sido permeado toda la vida por el devenir político, es sano que tengamos una policía comprometida con su filosofía y con su doctrina, lejos de la política.

Durante estos ciento 32 años ha habido cambios, porque la Policía que creó su abuelo, no puede ser la misma: los tiempos han cambiado y hoy se quiere y se desea a una policía más cercana al ciudadano ¿Esto ha sido un acierto?     

Es cierto que cuando Marcelino Gilibert organizó la policía, ésta tenía una filosofía, un comportamiento y una uniformidad más acorde a esa época histórica. La doctrina que entrega Marcelino Gilibert se va cambiando con el tiempo, agrandando, potenciando y, al mismo tiempo, reconociendo algunas aristas que había que limar para poder perfeccionarla. La formación no era tan profunda como lo es ahora: la tecnología estaba ausente de nuestro medio, los policías de esa época tenían una cultura mediana —no tenían un nivel de educación superior—, de manera que la Institución trabajaba con los medios y las posibilidades a la altura de su conocimiento; no era una formación intelectual mediocre, pero sí con algunas falencias.

Puede leer la entrevista completa en le número 333 de la Revista Policía Nacional de Colombia.