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Mary Luz Castro, la forja de un camino de fe y coraje

05/12/2025

 

En medio de aplausos, uniformes impecables y miradas de respeto, se alzó la figura serena, pero firme de la agente Mary Luz Castro. Con una trayectoria de más de 34 años en la Policía Nacional de Colombia, esta mujer oriunda de Condoto, Chocó, es hoy símbolo de entrega, vocación y dignidad institucional. 

El director general de la Policía Nacional, general Carlos Fernando Triana Beltrán, visiblemente conmovido, le dedicó unas emotivas palabras que calaron profundo en el auditorio durante su reciente ceremonia de condecoración. "Mención especial merece la señora agente Mary Luz Castro. Intachable, correcta, dama, honorable. Eso es usted, una gran mujer. Usted representa a 46.000 mujeres policías", declaró mientras la agente entregaba un estandarte institucional, símbolo de continuidad, que pasaba de manos experimentadas a una joven policía de la nueva generación.

Un gesto más que simbólico, el legado de una mujer que un día, siendo una adolescente en Bogotá, observó a otra mujer policía atravesar la calle vestida de verde oliva y pensó: “Si a esa niña le queda tan hermoso ese uniforme, a mí me quedará más bonito todavía”.

Mary Luz era entonces una joven chocoana en su último año de colegio, y contra la opinión de sus padres — quienes ya tenían dos hijos en la Policía Nacional — decidió seguir su llamado. Hoy, más de tres décadas después, no hay dudas: eligió el camino correcto.

"El uniforme ha cambiado, los años han pasado, pero el amor por la ciudadanía sigue intacto", confiesa con una sonrisa que revela más orgullo que nostalgia. Ese amor la sostuvo en los momentos más duros, como en 2003, cuando, durante una manifestación frente al Palacio de Justicia, fue atacada junto a sus compañeros. "Nos tiraron piedras, palos… Salimos aporreados. Fue difícil, pero seguimos", recuerda.

Algo similar vivió recientemente durante un altercado en el complejo judicial de Paloquemao, donde actualmente presta servicio. Un intento de fuga masiva por parte de los detenidos exigió de ella no solo una reacción inmediata, sino también temple y liderazgo. La situación fue caótica y peligrosa, pero, una vez más, salió adelante.

Mary Luz ha sido testigo y protagonista de las transformaciones sociales y políticas del país, y entiende el papel fundamental que juega la Policía Nacional en el equilibrio de la democracia: “Hay quienes no valoran el papel de la institución, pero sin seguridad y orden no es posible construir un país en paz”, afirma con la serenidad que le dan los años de experiencia y servicio.

Hoy, al borde de cumplir su tiempo de servicio, no se despide aún. Tiene claro que quiere seguir contribuyendo cuatro años más, y luego, dedicar su vida a servir desde la fe que ha fortalecido cada etapa de su camino. “Después de mi retiro, le trabajaré a Dios”, afirma. 

Su vida de fe es tan firme como su carrera policial. Se congrega en la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y espera, con humildad, poder seguir sirviendo desde su fe y compromiso con Dios.

Mary Luz no solo ha sido policía. Ha sido faro. Ha sido ejemplo. Ha sido la figura que muchos niños admiraban en la calle, a quienes su piel los hacía exclamar con ternura: “¿Es una policía de chocolate?”

Hoy quiere dejar un mensaje claro a los jóvenes: “Sigan haciendo las cosas bien. Esta es una institución buena, todo lo tenemos aquí si nos comportamos bien. Lo malo hay que desecharlo y coger lo bueno. Hay que orarle a Dios y caminar de su mano”.

Una historia tejida con disciplina, coraje, fe y servicio. La historia de Mary Luz Castro, la agente que no se rindió nunca y que ahora, con honor, pasa su estandarte para que otros continúen iluminando el camino.

LA FRASE

“El uniforme ha cambiado, los años han pasado, pero el amor por la ciudadanía sigue intacto.”

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