La Dijin contribuyó a cerrar un doloroso misterio de 23 años
Después de más de dos décadas de incertidumbre y dolor, una familia logró conocer el destino de su hija gracias al trabajo articulado entre la Fiscalía General de la Nación y la Policía Nacional de Colombia. El caso fue liderado por el subintendente Andrés Araque, investigador del equipo de Policía Judicial, quien hizo parte del proceso de exhumación e identificación de los restos de la joven Kely Johana Ríos Gallardo.
Kely Johana desapareció el 12 de enero de 2002, cuando se dirigía desde el municipio de Aguachica (Cesar) hacia Bucaramanga (Santander), donde trabajaba en una casa de familia. Según relató su madre, doña Ana Elvira Ríos Gallardo, la joven emprendió el viaje acompañada de un conocido de la familia, el señor José Mantilla. Ocho días después, una llamada alertó que Kely nunca había llegado a su destino. Desde entonces, su madre inició una búsqueda incansable que se prolongó por 23 años.
En 2009, durante una entrevista a un desmovilizado de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las autoridades recibieron información sobre la posible ubicación de una fosa común en zona rural del municipio de San Luis (Tolima). Según el testimonio, allí habría sido enterrada una joven de entre 14 y 20 años, de cabello negro liso, ojos claros y baja estatura, señalada erróneamente por el grupo armado de pertenecer a una estructura insurgente.
Con esta información, el 23 de abril de 2010 se llevó a cabo una diligencia de exhumación en la vereda Gallego Alto, bajo la coordinación de la Fiscalía 78 Especializada GRUBE, con apoyo de equipos de criminalística del CTI y seguridad de la Policía Nacional. En el lugar fueron hallados restos óseos de una mujer joven, junto con prendas de vestir y accesorios femeninos.
Los análisis forenses realizados por el CTI de Bogotá determinaron que los restos correspondían a una víctima de homicidio con signos de desmembramiento y violencia física. Sin embargo, en ese momento no fue posible establecer su identidad.
Años después, en noviembre de 2021, durante una jornada de atención a víctimas del conflicto armado en Aguachica, la señora Ana Ríos Gallardo entregó su testimonio y una muestra de sangre, además de las características físicas de su hija: cabello liso y ojos verdes claros. Esta información fue clave para retomar las investigaciones.
El subintendente Araque recuerda que el proceso no fue sencillo: “Desde el proceso de investigación se tienen barreras como la ubicación de los familiares; se necesitan realizar actividades propias de Policía Judicial para poder ubicarlos y entablar esa confianza tanto en la institución como en el proceso. A veces la situación de orden público es compleja y no es fácil trabajar tranquilo en campo cuando se está rodeado de grupos organizados al margen de la ley”.
Pese a las dificultades, el compromiso institucional se mantuvo firme. A partir de la información genética, la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación adelantaron un exhaustivo proceso de cruce de datos y revisión en el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres (SIRDEC), analizando más de 1.200 registros. Finalmente, se identificó un caso con coincidencias notorias con el de Kely Johana.
El 4 de agosto de 2023, el laboratorio de genética del CTI emitió un informe concluyente: los restos exhumados correspondían a la joven Kely Johana Ríos Gallardo.
Posteriormente, unidades de Policía Judicial lograron ubicar a la madre de la víctima en Bucaramanga, y se le informó el resultado del proceso de identificación y las gestiones adelantadas para la entrega digna de los restos. Esa entrega sucedió hace unas semanas en el municipio de Ocaña (Norte de Santander), donde familiares, autoridades y acompañantes rindieron homenaje a la memoria de Kely Johana.
Para el investigador, aquel momento fue profundamente conmovedor: “No hay mejor recompensa que el abrazo de una mamá agradecida por haberle devuelto a su hija después de tanta incertidumbre”.
Más allá del hallazgo, el caso refleja el papel esencial que cumple la Policía Nacional en los procesos de búsqueda e identificación de personas desaparecidas. En palabras del subintendente Araque, “la institución es mucho más que capturas u operaciones; también es humanidad, servicio y compromiso con la verdad y la paz”.
Hoy, los restos de Kely Johana descansan en paz. Su historia, y la labor de quienes hicieron posible su identificación, son testimonio de que el trabajo investigativo y humano de la Policía Nacional sigue dejando huellas de esperanza en miles de familias que aún buscan respuestas.
LA FRASE
“Cada cuerpo exhumado es una historia, cada familia es un mundo distinto que sufre la partida y el dolor”, subintendente Araque, investigador Policía Judicial.