Dos décadas de seguridad enfocada en las comunidades
En Atrato-Yuto, municipio del departamento del (Chocó), la Escuela de Policía Miguel Antonio Caicedo Mena no es solo un centro de formación. Para muchos jóvenes, es una puerta que se abre en medio de pocas oportunidades.
Desde 2005, la institución ha desarrollado 19 cursos de patrulleros del nivel ejecutivo y 4 cursos de patrulleros de policía para un total de 2.653 egresados entre hombres y mujeres de diferentes regiones, contribuyendo significativamente al fortalecimiento del talento humano en el departamento y en el país, desde sus inicios hasta la fecha han pasado 12 directores entre estos se destacan 02 mujeres, más allá de las cifras, su impacto se siente en las historias de vida que han cambiado gracias a la institución.
Juan David Palacios, estudiante en formación y oriundo de Quibdó (Chocó), lo expresa con sencillez: “Para mí significa una oportunidad para salir adelante, porque en nuestro departamento hay muy pocas opciones de trabajo”. Sus palabras reflejan una realidad compartida por muchos jóvenes que ven en el uniforme una posibilidad de futuro. También destaca algo clave: la cercanía con la comunidad. “A través de nuestras actividades logramos fortalecer la confianza entre la Policía y la ciudadanía”, afirma. Esa confianza se construye en lo cotidiano, en el contacto directo y en el trabajo conjunto. Los ejemplos se multiplican. Juan David recuerda a un patrullero egresado que organizaba actividades comunitarias con niños, y recuperaba espacios en las comunidades. Acciones sencillas que dejan huella y que muestran otra cara del servicio policial.
El intendente jefe Elson Heiler Palacios Córdoba, egresado del curso 001, revive los inicios con una mezcla de orgullo y memoria viva: “La escuela funcionaba en el casco urbano y convivíamos directamente con la comunidad”. No había grandes instalaciones, pero sí voluntad y cercanía. Cuenta, la comunidad, fue parte fundamental. Madres cabeza de familia lavaban uniformes, preparaban alimentos y emprendían pequeños negocios. “Había aceptación y orgullo por tener la escuela en la región”, señala. Incluso en medio de dificultades como la escasez de agua, el vínculo con la gente se fortalecía día a día. Ese vínculo sigue siendo clave. Hoy, muchos de los policías formados allí regresan a sus territorios. No llegan como extraños, sino como vecinos y conocidos líderes. “Eso permite mayor confianza y facilita el trabajo en prevención, convivencia y seguridad ciudadana”, explica el intendente jefe. La Sede multicampus también ha tenido un impacto directo en la economía local. Cada graduación mueve el comercio, activa servicios y beneficia a las familias del municipio. Son momentos en los que la Institución y la comunidad se encuentran.
Después de más de 20 años, el aporte es claro: oportunidades para los jóvenes, fortalecimiento del tejido social y una Policía más cercana a la gente. En Yuto, la formación no solo prepara uniformados; también construye esperanza.